martes, 31 de julio de 2007

4 de Agosto, Día del Párroco

En este día celebramos a San Juan María Vianney, el Santo cura de Ars. Fue un sacerdote, diocesano Francés, plenamente dedicado al servicio pastoral de los fieles, en Francia, después de la revolución.Actualmente ha sido declarado modelo y patrono de todos los sacerdotes, especialmente de los párrocos.

“El sacerdote, es maestro y guía de los hermanos, desde el momento de su consagración a el confiados, su misión es buscar a hombres y mujeres del mundo entero para que conozcan, amen y sirvan al único Dios Padre, revelado en la persona de su Hijo Jesucristo, bajo la acción del Espíritu Santo”. Este 4 de Agosto, en la festividad de san Juan María Vianney, celebremos el Día del Sacerdote, elevando una oración por todos los presbíteros de nuestra diócesis.


Algo de su historia:


San Juan María de Vianney, inició sus estudios ya mayor y le resultaron un poco difíciles. Pero un sacerdote amigo lo ayudó y lo tuvo como coadjutor durante los primeros años que siguieron a su ordenación.

Luego pasó a ser el párroco del pequeño pueblo rural de Ars, hasta su muerte a los 63 años de edad, en 1859.

Algunos de sus méritos

Este hombre Santo llevó una vida de gran profundidad interior y austeridad. Tuvo gran voluntad para superar las innumerables pruebas que se le presentaron en su vida, algunas particularmente difíciles. Supo vencer la pobreza, la falta de educación y la desconfianza de muchas personas.

El cura de Ars fue un sacerdote lleno de sentido pastoral, organizador y buen consejero espiritual. Sus fuentes eran el amor y la oración.

Algunas preocupaciones que llenaban su vida:

• Su abnegada entrega al sacramento de la reconciliación, destacando a sus fieles la bondad y el perdón de Dios. Así despertaba en ellos el deseo de arrepentirse de sus faltas. Siempre estuvo dispuesto a confesar.

• La Eucaristía, sin lugar a dudas, era el aspecto central de su ministerio sacerdotal, la celebraba con gran piedad y gozo. Además tenía una actitud especial ante Jesús sacramentado y enseñaba a los fieles cómo se debe adorar a Dios.

• El ministerio de la Palabra el cual nunca descuidó. Con valentía denunciaba el mal, pero prefería presentar la cara más atractiva de la virtud que la fealdad del vicio y lograr así la conversión de sus feligreses. La catequesis fue también tarea privilegiada en su vida.

• La oración fue lo fundamental en su vida, lo más eficiente de su trabajo, la alabanza al Dios Bueno y Creador, la confianza en el Padre de misericordia, la oración silenciosa ante el sagrario, la petición solemne y tranquila, todo eso unido a una vida de pobreza, austeridad y obediencia a su obispo, lo hace un hombre realmente Santo. Como muestra de su fecundidad apostólica, se puede decir que cuando llegó a su parroquia había solamente 230 personas, y que un año antes de morir lo visitaron alrededor de 85.000 fieles. Sus feligreses, sin duda, lo amaron e impidieron que se fuera del pueblo para dedicarse, como era su anhelo, a la vida religiosa y a la contemplación.

Eduardo Cáceres, Instituto de Catequesis de Santiago de Chile



SAN JUAN MARÍA VIANNEY (1786-1859) PATRONO DE LOS PÁRROCOS

BIOGRAFÍA
Cura de Ars, nacido en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, el 8 de Mayo de 1786; muerto en Ars el 4 de Agosto de 1859.; hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze.

1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan María fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecen haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, limitándose a un poco de aritmética, historia, y geografía, y encontró el aprendizaje, especialmente el estudio del latín, excesivamente difícil. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, después primer obispo de Dubuque, le ayudaba en sus lecciones de latín.

Pero ahora se presentó otro obstáculo. El joven Vianney fue llamado a filas, al haber obligado la guerra de España y la urgente necesidad de reclutas a Napoleón a retirar la exención que disfrutaban los estudiantes eclesiásticos en la diócesis de su tío, el Cardenal Fesch. Matthieu Vianney intentó sin éxito procurarse un sustituto, de modo que su hijo se vio obligado a incorporarse. Su regimiento pronto recibió la orden de marchar. La mañana de la partida, Juan Bautista fue a la iglesia a rezar, y a su vuelta a los cuarteles encontró que sus camaradas se habían ido ya. Se le amenazó con un arresto, pero el capitán del reclutamiento creyó lo que contaba y lo mandó tras las tropas. A la caída de la noche se encontró con un joven que se ofreció a guiarle hasta sus compañeros, pero le condujo a Noes, donde algunos desertores se habían reunido. El alcalde le persuadió de que se quedara allí, bajo nombre supuesto, como maestro. Después de catorce meses, pudo comunicarse con su familia. Su padre se enfadó al saber que era un desertor y le ordenó que se entregara pero la cuestión fue solucionada por su hermano menor que se ofreció a servir en su lugar y fue aceptado.

Juan Bautista reanudó entonces sus estudios en Ecully. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; estaba tan mal en latín que se vio forzado a seguir el curso de filosofía en francés. Suspendió el examen de ingreso al seminario propiamente dicho, pero en un nuevo examen tres meses más tarde aprobó. El 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Sus dificultades en los estudios preparatorios parecen haberse debido a una falta de flexibilidad mental al tratar con la teoría como algo distinto de la práctica - una falta justificada por la insuficiencia de su primera escolarización, la avanzada edad a la que comenzó a estudiar, el hecho de no tener más que una inteligencia mediana, y que estuviera muy adelantado en ciencia espiritual y en la práctica de la virtud mucho antes de que llegara a estudiarla en abstracto.

Fue enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación, que le instó a perseverar cuando los obstáculos en su camino le parecían insuperables, que intercedió ante los examinadores cuando suspendió el ingreso en el seminario mayor, y que era su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el "cura de Ars" se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la iglesia a grandes multitudes. "La Providencia" fue la obra favorita del "cura de Ars", pero, aunque tuvo éxito, fue cerrada en 1847, porque el santo cura pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Su cierre fue una pesada prueba para él.

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque "las almas le esperaban allí". Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana.

Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible.

Los milagros registrados por sus biógrafos son de tres clases:
. en primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos;
. en segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro;
. en tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.

El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.

El 3 de Octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de Enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial.
[Nota: En 1925, el Papa Pío XI lo canonizó. Su fiesta se celebra el 4 de Agosto]

Fuente: Enciclopedia Católica